Las emociones juegan un papel fundamental y están implicadas en todas y cada una de las decisiones y acciones que llevamos a cabo en nuestra vida diaria. Determinan la forma en la que nos enfrentamos a los problemas que se nos presentan, facilitan la toma de decisiones y es nuestro termómetro de cómo nos sentimos en determinados momentos y situaciones. Por lo tanto, las emociones presentan las siguientes funciones:

  1. Adaptativa: nos prepara  para la acción.
  2. Motivacional: guía nuestra conducta hacia la consecución de metas.
  3. Comunicativa: nos informan de nuestros estados de ánimos y también informa a los otros/as de cómo nos sentimos.

Las emociones consideradas básicas son: la alegría, la tristeza, el miedo, la rabia, la sorpresa, el asco y cada una de ellas nos provoca una sensación a la que cada uno  le da un significado y la expresa según considere. A priori y sin entrar en detalles no pasaría nada, el problema surge cuando etiquetamos las emociones y entramos en juzgar como bueno o como malo lo que nos está sucediendo. ¿Alguna vez, se han planteado que cuando nos reímos delante de muchas personas nos da igual que nos vean, sin embargo, si estamos tristes  intentamos en la medida de lo posible esconder la emoción? Pues bien, esto está relacionado con la forma en que etiquetamos nuestras emociones y  se hará en función de las experiencias  subjetivas que hemos tenido a lo largo de la historia de nuestra vida, por lo tanto, cada uno/a experimenta de manera única y personal las emociones y  no existe nada malo en tener emociones porque ellas siempre están presentes y si le prestamos atención y no la controlamos, ni la interrumpimos, ni la cambiamos ni la evitamos nos da la oportunidad de vivirlas, de  experimentarlas y reconocerlas para poder gestionarlas de la mejor manera posible. Etiquetar las emociones influye en la forma de valorar las situaciones y están involucradas en las actitudes y creencias que tenemos acerca del mundo.

Así que:

  1. Reconócelas. Todas las emociones vienen acompañadas de una sensación física.
  2. Sostenlas. Acepta lo que sientes y  no luches ni a favor ni en contra y no pretendas cambiar lo que sientes.
  3. Gestiónalas. Decide con consciencia que haces  con lo que sientes, como las quieres expresar y como deseas  vivirla  con los demás.

Cuando no hacemos nada de lo anterior las emociones nos atrapan y pueden generar estrés, soledad, ansiedad, preocupación, miedo, descontrol etc. De ahí, la importancia de expresar lo que uno/a siente y la importancia de hacernos consciente de lo que nos sucede. Es mirar en nuestro interior como cuando nos miramos a diario en el espejo para saber si la ropa que nos hemos puesto nos gusta o no. Por lo tanto, no veas las emociones como tu enemigo/a sino úsalas como forma para conectarte contigo mismo/a. Y si sola/o no puedes siempre puedes tener la ayuda de un profesional que te acompañe en el reconocimiento de tus emociones y en las consecuencias que genera no expresar lo que sentimos.

Como diría, Claudio Naranjo: "Descubre quién eres, pero no te aferres a ninguna definición. Muta las veces que sea necesario para vivir en la totalidad de tu Ser."

 

Mª Isabel del Rosario Robaina

Psicóloga General . Psicoterapeuta

Especialista en Adicciones y Trastornos de la alimentación