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"De la dificultad a la hora de responder a esta pregunta surge una parte importante del sufrimiento de nuestros hijos. Tratemos de entender el porqué:
El vínculo de PAREJA implica un compromiso entre dos personas que se eligen mutuamente como compañeros de vida. Este vínculo es revisable y “rompible” y a él le corresponden temas y desafíos en forma de “entregas voluntarias” como:
elección del otro (¿en base a la atracción física, intelectual, emocional o por otras razones?); gestión de las diferencias y de los conflictos (capacidad de escucha y de negociación, empatía…); intimidad, confianza, fidelidad y sexualidad; cuidado, apoyo mutuo y logro de un equilibrio entre lo individual vs. la pareja (proyectos, tiempo, satisfacción de necesidades).
 
 
 
 
En el caso del vínculo de “PADRES”, el compromiso implica el deseo de tener un hijo en común y de asumir las obligaciones asociadas a la crianza, educación y formación de esa persona. Este compromiso es revisable (en cuanto a disponibilidad, por ejemplo), pero “no rompible” (uno se divorcia de la pareja, pero no de los hijos).
 
Algunos de los temas centrales aquí son: acuerdo vs. desacuerdos en cuanto a pautas de crianza, disciplina, vinculación y apego (¿castigos o refuerzo?, ¿mimos, sobreprotección o autonomía? ¿cómo nos expresamos el cariño? ...); límites intra- y extrafamiliares (¿compartimos con otras personas/ familias y nos retroalimentamos o somos un núcleo cerrado e independiente?); relación con la familia extensa y política (“tu madre ahora es la abuela de mi hijo”) expectativas (del otro y de mi como padre/madre, de nuestro hijo, de nuestra familia) vs. realidad.
 
Cuando estos vínculos no están suficientemente diferenciados, pueden surgir problemas en un ámbito cuyo origen realmente pertenece al otro; por ejemplo, cuando estoy enfadada contigo por un tema de pareja y lo traslado a nuestra relación de padres (“te dejo salir pero que tu padre no se entere, ya sabes que es muy estricto y ya tuve una bronca con él hoy”). Hay hijos que son colocados en mitad de un conflicto y lucha de poder entre sus padres, siendo el origen de éste realmente un tema de pareja no resuelto. En estas dinámicas, los hijos pueden pasar a ser aliados de uno de los dos padres (“me apoyo en ti, porque tu madre no está nunca disponible o siempre está enfadada”) o tener un conflicto de lealtades entre ambos (“si me pongo de lado de uno, siento/me hacen sentir, que traiciono al otro”).
Este tipo de situaciones afectan y dañan la salud mental de nuestros hijos, por lo que es importante revisarnos y hacernos preguntas del tipo: ¿confundo a veces temas de pareja con temas de padres?, ¿discutimos por temas de pareja delante de nuestros hijos?, ¿desautorizo a mi pareja delante de nuestros hijos?, ¿cómo le hablo a nuestros hijos de su padre/madre?, ¿utilizo a mis hijos cuando me siento ninguneado/a por mi pareja/suegro/suegra…?, ¿cómo me siento cuando mi hijo le da la razón a su padre/madre?, etc.
 
La respuesta a estas preguntas nos puede orientar a la hora de corregir actitudes que no sean del todo beneficiosas en el desarrollo de nuestros hijos, de manera que se sientan más seguros y libres."
 
 

 

Ana María Velázquez Padrón

Psicóloga y Psicoterapeuta