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Cuando dos personas deciden ser pareja y se eligen para ello, lo hacen en base a unos criterios, emociones, sentimientos, reacciones químicas etc. Se da por sentado que cuando todo esto pasa y se da una constelación determinada, el paso siguiente e inevitable es definirse y comprometerse como pareja. Sin embargo, muy pocas parejas reflexionan y negocian lo que para cada uno de sus miembros significa, implica y están dispuestos a “invertir” en ese proyecto común.

 

Cuando dos personas deciden ser pareja y se eligen para ello, lo hacen en base a unos criterios, emociones, sentimientos, reacciones químicas etc. Se da por sentado que cuando todo esto pasa y se da una constelación determinada, el paso siguiente e inevitable es definirse y comprometerse como pareja. Sin embargo, muy pocas parejas reflexionan y negocian lo que para cada uno de sus miembros significa, implica y están dispuestos a “invertir” en ese proyecto común. No es extraño que en el camino surjan diferencias de criterios, opiniones o prioridades no negociadas y desconocidas a priori. Cuando esto sucede y esas diferencias llevan a conflictos que afectan al bienestar, a la salud mental (a veces incluso física) y a la vida en común, algunos se plantean diferentes opciones. Unos optan por seguir aguantando con la esperanza de que la situación (o el otro) cambie, otros se plantean separarse, algunos buscan ayuda externa… En el caso de esto último la ayuda puede ser cercana (amigos, familia…) o externa y profesional, lo que conocemos como “Terapia de Pareja”.

Sin embargo, cuando todo este proceso descrito anteriormente (es decir: elegirse, comprometerse, no llegar a acuerdos ni negociar las diferencias, surgimiento de conflictos etc.) se da en otro ámbito como el de ser padres, pareciera que nadie se plantea el ir a “Terapia de padres y madres”. Sin embargo, es un hecho conocido que no nos enseñan a ser padres, no hay cursillos de cómo llegar a acuerdos en caso de diferencia de criterios, no siempre sabemos cómo separar nuestros conflictos y diferencias de pareja de los de nuestra función como progenitores, con frecuencia nos sentimos impotentes a la hora de afrontar determinadas conductas o actitudes de nuestros hijos. Para dar respuesta a todo ello, tal vez podríamos empezar a plantearnos como concepto y como modo de intervención y en la búsqueda de ayuda la “Terapia de padres y madres”.

 

 

Ana María Velázquez Padrón

Psicóloga y Psicoterapeuta