En este artículo vamos a reflexionar sobre algunas de las ideas en relación al proceso de divorcio así como el deseo de volver a estar en pareja.

“Hace ya dos años que me separé y aún no he rehecho mi vida”

Analicemos esta frase tan interesante y tan frecuente en nuestos días.

Por un lado es interesante, efectivamente, por la frecuencia con la que escuchamos decir que alguien se ha divorciado. En los últimos años en nuestro país uno de cada dos matrimonios, entre el 50 y 60 %, terminan en divorcio. “Parece que hoy en día, a diferencia de hace 30 o 40 años, lo raro es ser hijo/a de un matrimonio no divorciado”, escucho decir a una profesora. En el fondo, lo que estaba diciendo, es que el divorcio actualmente ya no aparece como una desviación: se inscribe como en la nueva lógica del matrimonio.

Vamos a pararnos y revisemos una de las principales ideas, prejuicios y mitos sobre la separación y el divorcio, que vendría a decir algo así como que:

“la gente hoy en día no aguanta nada, a la primera de cambio y desde que aparecen los primeros problemas se separa”.

Contrastemos esta idea con los datos: durante 2017 se producen en España 102.341 casos de rupturas de parejas; de ellas, el 95,7% termina en divorcio. Los matrimonios que terminan en divorcio tienen una duración media de 16,4 años (https://www.ine.es/prodyser/espa_cifras/2019/14/).

Vaya, parece ser que la idea de volatilidad de las uniones matrimoniales no es del todo cierta, y que las parejas que deciden casarse recorren un largo camino juntas intentando dar forma al proyecto común. La razón por la que finalmente terminan divorciándose parece entonces no ser tan simple. ¿Nos paramos unos minutos a reflexionar sobre ella?

  • Si entendemos que una pareja es la unión de dos personas distintas, con ideas, conductas y pensamientos diferentes y que las diferencias llevan con frecuencia a conflictos, ¿tendrá que ver el aumento de los divorcios con esas diferencias o con cómo afrontamos y resolvemos los conflictos derivados de las mismas? Porque… ¿dónde y quién nos enseña a gestionar y resolver conflictos? Recuerdo el comentario de un exmarido tras un proceso de mediación con su exmujer: “Qué pena no haber sabido y no haber hecho esto antes de tomar la decisión de divorciarnos”. Creo que este hombre echó en falta el no haber tenido herramientas y recursos para poder afrontar y resolver sus conflictos de pareja de manera sana, madura y satisfactoria antes de que éstos los llevaran al divorcio.
  • ¿Tendrá que ver con los cambios en el ciclo vital de cada uno de los miembros de la pareja a lo largo de una larga vida juntos? “Es que antes, hasta que la muerte nos separe eran apenas 10 o 15 años: hoy en día eso significa, en muchos casos, más de 30 años juntos y las personas y las relaciones cambian mucho en ese tiempo”. Cierto, las parejas se unen sobre los 30 años y la expectativa de vida actualmente en nuestros países supera los 80 años…eso significa que para algunos, “hasta que la muerte los separe” puede significar 50 años de vida en común.
  • ¿El aumento de divorcios se deberá al desafío de la vida en nuestros tiempos? La precariedad y sobrecarga de las condiciones laborales; las exigencias de una sociedad hiperactiva, hedonista, compulsiva e hiperexigente; la falta de espacios de cuidados, los problemas de comunicación…si lo vemos bien, éste no parece un escenario muy propicio para el tiempo, dedicación y cuidado que necesita una relación.
  • O tal vez tenga que ver con las expectativas que ponemos en la pareja. Recuerdo haber leído que antiguamente la idea de enamoramiento (y amor romántico) no era el principal criterio en la elección de pareja. En la actualidad esperamos que nuestra pareja sea “el amor de nuestra vida, que haya química y atracción sexual, que sea nuestro amigo/a, que nos contenga emocionalmente, que sea un compañero/a en el subsistema parental, que tengamos aficiones y gustos similares…” y así un largo etcétera. Puede que encontrar todo eso en una sola persona no sea una tarea fácil.

Y ya puestos a reflexionar sobre criterios de elección de pareja: ¿será que no somos del todo conscientes de las razones por las que elegimos a una determinada persona? ¿será que con frecuencia no nos conocemos lo suficientemente bien como para entender qué nos lleva a elegir a una persona como compañero/a de vida y que ese desconocimiento finalmente nos pasa factura? Y partiendo de la idea de esa falta de autoconocimiento: ¿será que proyectamos parte de nuestros aspectos desconocidos y de nuestras necesidades en otro, que tiene que satisfacer una lista mayor que la de los Reyes Magos de un niño de 8 años, y que es esa carga la que finalmente la pareja no es capaz de resistir en el tiempo? Desde la teoría del apego y desde la psicología analítica se trata de dar posibles explicaciones a estas preguntas. Sobre esto profundizaremos en otros artículos.

Pero volvamos a nuestra frase inical: “Hace ya dos años que me separé y aún no he rehecho mi vida”. Y es que aquí hay otra idea interesante; la de que rehacer la vida significa volver a estar en pareja, como si una vida sin pareja fuese algo así como una vida “deshecha o a medio hacer”.

En el análisis de esta idea surgen dos posturas diferentes: por un lado el mito de que la vida sin pareja es una vida solitaria, pobre, triste...Cuántas canciones no habremos escuchado con esa temática: “sin ti no soy nada”, “me muero sin ti”, “sólo él me puede consolar” “vivo por ella”, etc.etc.etc. Y es que de hecho, hay investigaciones que parecen confirmar la idea de que la vida en pareja mejora la salud y la expectativa de vida; es decir que somos seres que viven más y mejor al estar en pareja. Pero es que por otra parte, hablábamos de la gran cantidad de rupturas de pareja en nuestros días (¿por qué se separará la gente si se está mejor en pareja?) a lo que hay que añadir el aumento en las cifras de personas que eligen la soltería como forma de vida: el 24,2% de los hogares en España están formados por una sola persona, en 1962 esta cifra era del 19,6%; en países como Dinamarca o Alemania más del 40% de la población vive en hogares de una sola persona  (https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INECifrasINE_C&cid=1259944407896&p=1254735116567&pagename=ProductosYServicios%2FINECifrasINE_C%2FPYSDetalleCifrasINE#ancla_1259944610738). La banda sonora de esta postura diría algo así como: “que te vaya bonito”, “mira qué bien me va sola”, “no me importa nada”, “solo con perderte ya gané”, o como dice Ismael Serrano en su “Amor propio”: “mejor loco, que mal acompañado”.

Para tratar de unificar estas dos posturas, podríamos recurrir una tercera que se resumiría así: para poder estar bien en pareja, hay que haber elaborado, sanado, resignificado y cerrado las heridas producidas por rupturas anteriores y hay que haber aprendido a estar bien con uno/a mismo/a.

En fin, que resumiendo y concluyendo podemos decir que volver a estar en pareja parece ser un tema central para muchas personas que han pasado por una ruptura o divorcio. Revisemos entonces algunos puntos que nos pueden ayudar en este proceso:

1.     La gestión de los conflictos en pareja es fundamental para poder sentirnos a gusto en ella. La investigación a este respecto dice que el porcentaje de diferencias en criterios, ideas y valores entre las parejas es de un...70%. Aunque este porcentaje suene escandalosamente alto no es tan extraño, si pensamos en lo diferentes que son entre sí muchos hermanos, a pesar de haber sido criados y educados por los mismos padres. ¿Cuál es la diferencia entonces que caracteriza a las parejas que, a pesar de dichas diferencias, permanecen juntas de manera satisfactoria? Parece ser que la diferencia está en la forma de gestionar esas diferencias: las parejas que permanencen juntas no desgastan la relación en luchas de poder respecto a ese 70%, sino que se centran en el 30% de acuerdos. Esta capacidad de gestionar conflictos y las pautas de comunicación necesarias para ello pueden haber sido aprendidas, o bien a partir de un modelo, o bien a partir del aprendizaje y la propia experiencia (por ejemplo tras un divorcio). Este es también uno de los principales objetivos de trabajo en una terapia de pareja.

2.     En las palabras “ya” y “aún” de la frase que analizamos, se esconde la prisa que a menudo tenemos por pasar página y volver a encontrar a alguien con quien emparejarnos. También hay una idea escondida respecto a que habría un tiempo normal vs. no normal para elaborar el duelo de una ruptura de pareja. Sin embargo, lo cierto es que cada persona tiene su tiempo para este proceso y que éste no lo determina el calendario, sino lo que hayamos avanzado en la revisión y resignificación de los motivos que nos llevaron a las rupturas de nuestras anteriores relaciones. Para ello es importante nuestra capacidad de asumir con cariño (no desde la culpa) nuestras propias carencias y responsabilidad en las mismas, es decir ¿qué parte de lo que pasó y que llevó a la ruptura es nuestra? y por ende, ¿qué podemos aprender y cambiar en nuestras relaciones futuras? En este sentido, tal vez nos sirva reflexionar y ver con claridad nuestras expectativas con respecto a la nueva pareja, es decir ¿qué quiero y qué no a la hora de volver a estar en pareja?. También puede ser interesante hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué rescato tanto de mi antigua relación, como de haber estado solo/a y por lo tanto a qué no me gustaría renunciar a la hora de volver a estar en pareja?

3.     A este respecto y en relación a cuando formamos un sistema complejo como una familia “reensamblada”, en la que hay muchos subsistemas (cada individuo, la pareja, tus hijos y tú, mis hijos y yo, tus hijos y yo, mis hijos y tú, tus hijos y mis hijos...) es fundamental el establecimiento de unas pautas de comunicación y de estructura muy claras y consensuadas, ya que la confusión y la falta de límites es con frecuencia motivo de dificultades, de sufrimiento innecesario...y en ocasiones de una nueva ruptura.

Sobre este tema profundizaremos en otro artículo.

“Hace ya dos años que me separé y aún no he rehecho mi vida”

Como hemos visto, esta frase puede esconder una mezcla de sentimientos y/o procesos como: la sensación de fracaso, la tristeza, el duelo, la soledad....pero también, la ilusión, la esperanza de algo mejor, el aprendizaje, el deseo de cambio o de rectificación...

Conocer, aceptar y elaborar estos sentimientos puede ser crucial a la hora de volver a emprender el fascinante viaje de compartir una parte fundamental de la vida con otra persona.

Tal y como dice Jodorowsky: “Estamos irresistiblemente atraídos por quien va a traernos los problemas que necesitamos para nuestra propia evolución”. Para lidiar con estos problemas nos podemos apoyar, además de en nuestras familias y nuestros/as amigos/as, en nuestros terapeutas.

Ana Maria Velazquez Padrón

Psicóloga. Psicoterapeuta.

Especialista en adultos  e Infanto-Juvenil.

Terapia Familiar y de pareja