La ansiedad es una respuesta normal del organismo ante situaciones de alerta o stress.  Es una defensa natural por la que el cuerpo se prepara para reaccionar ante una situación de peligro, sea éste real o imaginario.  Se trata de una respuesta muy básica y o primitiva con la que contamos desde los inicios de la humanidad.

En el espacio de la consulta recurro con frecuencia a dar esta explicación.  Y es que ya desde el tiempo en que cohabitábamos en el espacio con animales salvajes o peligrosos, tal como ocurre actualmente en tribus primitivas, debíamos contar con una respuesta de alerta con el mero fin de la supervivencia.  En una situación de peligro básicamente tenemos dos tipos de respuesta: la huida o el enfrentamiento.  La ansiedad o estado de alarma hace que el cuerpo reaccione preparándose para responder ante el peligro.  Es por ello que el corazón late más deprisa ante la necesidad de mayor irrigación sanguínea, la musculatura se tensa, aumentan las palpitaciones, la respiración se vuelve más agitada ante el mayor gasto de oxígeno y los sentidos se agudizan, además de otras reacciones fisiológicas que van en el mismo sentido.

Podríamos decir que la ansiedad es una respuesta deseable sin la cual no podríamos sobrevivir en los orígenes de la humanidad, cuando el peligro real era más claro y tangible.  Sin este estado de ansiedad, de alerta, no podríamos enfrentarnos a esos peligros.

El problema es que reaccionamos igual cuando percibimos que estamos en una situación de peligro real o imaginario.  Sucede como en las alarmas que se instalan en los automóviles.  Pueden conectarse y avisarnos cuando alguien intenta forzar la puerta o entrar en el interior, o también sucede que, de tener la alarma muy sensible, de activarse si se ha colado una mosca en el  interior con tal de ser percibida por los sensores.  También ocurre cuando el automóvil es sacudido por una vibración, al pasar un vehículo pesado a mucha velocidad cerca de éste.

En estos últimos ejemplos el sistema de alarma se conecta igualmente avisándonos de un posible peligro.  Igual sucede con nuestro organismo cuando creemos que estamos en peligro, sea éste real o imaginario.

En estos tiempos que nos ha tocado vivir con la pandemia del COVID 19 es normal que los niveles de ansiedad hayan subido en la mayoría de la población.  Ante la incertidumbre, el no saber cómo reaccionar, la inseguridad ante el futuro, el temor a un posible contagio, reaccionamos como ante cualquier peligro.  El problema se agrava cuando malinterpretamos los síntomas de la ansiedad.  En una crisis de pánico o ansiedad toda esta sintomatología cobra mayor intensidad y, con frecuencia, se interpretan estas sensaciones como los síntomas que preceden a un ataque al corazón , o pensamos que tenemos una enfermedad de mayor gravedad.  Es por eso muy frecuente que el paciente con crisis de ansiedad acuda a Urgencias o al cardiólogo creyendo que peligra su vida.

Sin pretender ser exhaustivo quisiera dar unas recomendaciones de que es lo que se puede hacer cuando sufrimos este tipo de trastornos.  Para tranquilizarnos y descartar una dolencia orgánica real, se suele descartar la existencia de daños o alteraciones cardiacas acudiendo a un especialista del corazón.  Dado este primer paso, en el espacio de consulta, se sondean aquellas circunstancias vitales por las que esté pasando la persona y que puedan estar causando un aumento de la ansiedad.  Detectada cualquier problemática se trabaja en la solución de ésta.

Otras estrategias, a groso modo, van dirigidas a reducir la ansiedad en sí.  En este sentido se trabajan con técnicas de relajación, respiración diafragmática, interrupción del pensamiento, técnicas de distracción y reestructuración cognitiva.

En caso que el trastorno de ansiedad sea resistente o se agudice se recomienda acudir a un profesional de la psicología para evaluar como le afecta la ansiedad dotarle de estrategias personalizadas para afrontarla y tratarla.

Alejandro Carmelo Santana Álamo

Psicólogo General Sanitario. Psicoterapeuta.

Especialista en adultos  e Infanto-Juvenil.