Partamos de la base de que los límites son necesarios, para la vida, esto en un adolescente es fundamental para que aprendan a regularse y a fortalecer la imagen de sí mismos, y que además forma parte del proceso educativo el hecho de que traten de luchar contra estos límites para ver cuán flexibles son.

Como padres se ha de tener en cuenta que los límites cumplen la función de cuidar y proteger, no de controlar, y que normas y limites claros sean puestos y gestionados desde esta premisa, pues educar significa formar y enseñar normas y valores, desde la estima. Esto no lo hacemos sólo desde las palabras, sino que los adolescentes aprenden de nuestra propia actitud, con nuestro ejemplo. Cuando tu hijo o hija llega a la adolescencia, va a empezar a cuestionarse todo aquello que aprendió de niño/a, comienza a experimentar su propia realidad mediante un razonamiento más lógico y no tan imaginativo. Por tanto, es importante que pueda ver a lo/as padres como una figura válida de autoridad , que  admire y así poder seguir vinculado a él de forma segura. Esta posición va a permitir poner límites y normas de forma efectiva en esta etapa.

Es adecuado hacer una revisión de los límites que existen en el hogar y preguntarnos cómo están funcionando.

La adolescencia es una etapa evolutiva en la que tu hijo necesita aprender a volar, por lo que tú puedes apoyarle enseñándole la responsabilidad de ser libre y tener sus propios criterios, mostrándole la posibilidad de tomar sus propias decisiones asumiendo la responsabilidad de las consecuencias.

Enseñarle que esta libertad conlleva una responsabilidad es también hacerle ver que existen límites.

Los límites nos indican hasta dónde podemos llegar, dónde está mi responsabilidad y dónde está el respeto al otro o a la norma. Como padres les corresponde establecer normas y límites que le hagan saber hasta dónde puede llegar, tanto a nivel interno como social.

Aunque busque saltarse los límites, es importante que sepa dónde están fijados. Si no puedes medirlos, ni sabe hasta dónde puede llegar, buscará más conductas de riesgo para él y los demás. No tendrá suficiente y sus exigencias y búsqueda de sensaciones nuevas irán a más.

Saber dónde está mi propio límite y dónde está el límite externo me permite medir mejor el riesgo que debo tomar.

¿Cómo poner estos límites?

  1. Siéntete seguro a la hora de hacerlo, recuerda que lo estás cuidando y protegiendo, no controlando.
  2. Toma un tiempo para reflexionar sobre la norma, que esta sea firme, equitativa, clara, flexible(ya que en la adolescencia la negociación se impone como algo necesario para el adolescente) y razonada. Cuando lo hayas hecho transmítesela y recuerda que debe ser constante en el tiempo y situaciones. Por ejemplo, si la norma es que “no se puede poner música alta”, pero llega un día en que no me apetece discutir y por no escucharle le decimos que “hoy sí se puede”, no estaremos siendo constantes en su aplicación.
  3. Estas normas deben ser consensuadas y aplicadas por ambos padres.
  4. Hazle ver que su expresión emocional respecto a la norma es válida y acompañada, pero que dicha expresión no va a cambiar el límite. Por ejemplo, tienes derecho a estar enfadado, te acompaño en tu expresión de rabia, sin embargo la violencia no está permitida y tu enfado no va a modificar la norma.

Iris Flores

Psicóloga. Psicoterapeuta

Experta en Infanto-Juvenil