Sea como fuere, es por todo ello que resulta fundamental reencontrarnos con nuestras heridas y cuidarlas en vez de ignorarlas. Esto nos va a permitir poder ejercer un rol de profesional desde la libertad de elegir cómo queremos relacionarnos y actuar de forma trasparente en lugar de proyectarnos inconscientemente en el trabajo con lo/as niño/as y adolescentes a los que atendamos.

Sabemos que el sufrimiento psicológico es en gran medida el resultado de desajustes en las interacciones humanas significativas. Y de la misma forma que este sufrimiento se genera de forma relacional, también su sanación viene de forma relacional. Es con un otro con quien nos desarrollamos en todo momento, de ahí que la Terapia Gestalt le de tanta importancia al encuentro, al contacto.

Pero para poder estar abiertos de una forma saludable al encuentro con el otro necesitamos estar relativamente en paz con nosotros mismos y con nuestro pasado, con nuestra historia y nuestros seres queridos, con nuestra familia, tanto la real como la que llevamos en nuestro interior.

Y esto es mucho más importante cuando trabajamos desde la Terapia Gestalt porque este enfoque implica una actitud mucho más activa por parte del profesional, dado que este enfoque se fundamenta en la "simpatía" sentir con.

El abordaje de la terapia Gestalt no trabaja “sobre” ni “en” el organismo, el/la niño o adolescente en nuestro caso, sino “con” el organismo, con el/la niño/a. Interactúa de forma auténtica con él otro de tal forma que pasa a formar parte del campo, recibiendo su influencia e influenciándolo al mismo tiempo, por lo que es de vital importancia que no haya viejas resonancias emocionales en el profesional que le impidan tener un buen contacto con el/la menor.

Tal y como Kopp sugiere: “Como terapeuta, debo empezar simplemente por estar dispuesto a estar con el paciente, a llegar a conocerle como persona y a permitirle que se me acerque. Debo estar dispuesto a temblar sin retirarme de la posibilidad de ser personalmente vulnerable ante él simplemente como otro ser humano, de arriesgarme a que se convierta en una persona realmente importante en mi vida.”

En definitiva, dado que en nuestro quehacer no nos guiamos por reglas de comportamiento predeterminadas, al incorporarnos al proceso vivencial en el que se desarrolla la experiencia con el/la menor se entra en contacto con procesos emocionales que movilizan nuestras dificultades personales. Por ello debemos ser conscientes acerca de la importancia de revisar los propios asuntos inconclusos que pudiéramos arrastrar de la infancia y /o adolescencia con el fin de que no interfieran en nuestro quehacer con los niños y adolescentes con los que trabajamos.

Sergio Huguet

Psicóloga. Psicoterapeuta