F. Perls, Hefferline y Goodman, creadores de la Terapia Gestalt

Las  emociones  son experiencias  neuropsicofisiológicas  espontáneas  que nos  inducen  a  la  acción  para  situarnos  en  el  entorno.  Etimológicamente  la palabra  emoción significa  movimiento  hacia  el  exterior.  Son  respuestas  del cuerpo, normalmente de impacto intenso, rápidas y transitorias. 

Nos  orientan  la  mirada  y  nos  aportan  luz  acerca  de  nuestro  estar  y  de nuestras  necesidades.  Nos  informan  de  aspectos  nuestros  y  de  las  vivencias que estamos teniendo con las demás personas y con el mundo en general. Nos ayudan a tenernos en cuenta y a ser sensibles con lo de afuera. 

Saber escucharlas nos ayuda en los procesos de toma de decisiones, nos facilita  saber  lo  que  nos  resulta  agradable  y  lo  que  no,  lo  que  nos  gusta,  lo que  nos  desagrada,  lo  que  queremos  hacer  y  lo  que  queremos  cambiar.  Nos aportan  también  sabiduría  para  resolver  asuntos  pendientes  y  para  seguir caminando en la dirección que elijamos, siendo una fuente de motivación. Nos protegen  y  al  mismo  tiempo  también  nos  dan  la  fuerza  necesaria  en  cada momento. 

La  dificultad  viene  cuando  no  sabemos  aprovechar  todo  eso  que  nos aportan que empieza con una sensación y que todas y todos experimentamos, con  mayor  o  menor  intensidad,  a  lo  largo  de  cada  día.  El  problema  viene cuando no sabemos escuchar lo que nuestro organismo nos dice. 

Acoger nuestras  emociones  es  darnos  cuenta  de  las  señales  que  nos  da nuestro  cuerpo.  Es  atender  lo  que  nuestro  organismo nos  está  queriendo decir. 

Las emociones son las que son. Las sentimos y nos aportan información. A  mí  personalmente,  no  me  gusta  el  hecho  de  categorizarlas  en  positivas  y negativas  porque  eso  ya  nos  coloca  en  un  lugar  frente  a  ellas  de  negación  o aceptación. Y si negamos seguramente nos vamos a pelear. Y si nos peleamos, esa  emoción,  a  lo  mejor  no  tan  placentera,  seguramente  nos  acompaña  más tiempo del necesario. 

Las emociones, si las acogemos y las aceptamos, están para cumplir su función  y  se  van.  Las  emociones  no  son  eternas.  Lo  que  hace  que  se  queden más  tiempo,  sobre  todo  las  que  nos  molestan,  es  precisamente  el  querer empujar  para  que  se  vayan  antes  de  tiempo,  o  querer taparlas,  no escucharlas, o no mirarlas. 

Es cierto que hay algunas que nos empujan a resolver y que nos hacen sentir incomodidad,  y  hay  otras  que  queremos  alimentar  porque  nos  gusta  su presencia, porque les dan sentido a nuestras vidas, o simplemente porque nos resultan  agradables.  Y  la  vida  está  hecha  de  todas,  con  experiencias  y momentos  de todos  los  tonos  y  colores.  La cuestión es  que  si  las escuchamos siempre tienen un mensaje. Siempre su presencia tiene un sentido. 

Sensibilizarnos con las emociones también nos facilita tener una mayor conexión emocional con los demás. Nos ayuda a poder movernos en un terreno conocido  para  saber  leer  las  expresiones  de  los  otros,  estar  cerca  de  lo  que puedan  necesitar,  y  así  poder  construir  relaciones  más  significativas  y compartir momentos más profundos. 

Igual que los niños, las emociones sanan cuando son escuchadas y validadas”. 

Jill Bolte Taylor, neurocientífica. 

*Extracto del libro EL MUNDO DE LAS EMOCIONES, escrito por Mireia Simó Rel, y publicado por Kireei