Aún así, es habitual que digamos eso porque no nos paramos ese mínimo  instante  a  contactar  con  nuestro  interior  y  poder  escuchar  cómo estamos. Decir estoy bien o estoy mal, es no decir casi nada. 

Las  y  los  terapeutas,  a  los  que  nos  suele  gustar  el lenguaje  concreto, solemos decir: ¿qué es bien para ti? 

Porque  esa  pregunta  nos  invita  a  mirar  hacia  dentro y  al  buscar  la concreción  con  el  lenguaje  estamos  facilitando  el  proceso  de  darnos  cuenta. Al matizar con las palabras tenemos un mayor conocimiento de los detalles de nuestra experiencia y nuestro estar concreto del momento. 

Estar  bien  puede  ser  estar  contenta,  estar  tranquilo,  estar  divertida, etc. Y para cada persona puede ser algo distinto. 

Es  muy  diferente  contestar bien  porque  no  se  poner  otras  palabras  o porque no soy consciente de lo que hay detrás de ese bien, que contestar bien de manera consciente porque no nos apetezca compartir en ese momento más con la persona que nos pregunta. 

Cuando  tenemos  miedo  a  contactar  con  nuestras  emociones, normalmente  es  porque  hemos  tenido  una  mala  experiencia  previa relacionada con el sentir. 

El miedo nos indica que estamos percibiendo algún peligro y el objetivo de su existencia es protegernos. Nuestro organismo es sabio y registra aquello que nos puede producir algún dolor o que tiene algún riesgo tanto físico como emocional. 

Lo  que  ocurre  es  que  de  vez  en  cuando  es  necesario  actualizarlo, porque  aquello  que  algún  día  nos  hizo  sufrir  no  tiene  porque  ser  doloroso ahora

Si tenemos miedo a sentir es porque seguramente en algún momento lo hicimos y tuvimos una experiencia desagradable que no nos ayudó a confiar. 

Sin embargo, aunque nuestro organismo encienda la señal de alarma, lo que  ocurre  en  el  presente  no  es  lo  mismo  que  ocurrió  en  el  pasado.  Ni nosotros  somos  la  misma  persona,   ni  la  situación  tampoco  es  la  misma,  por eso vale la pena asumir el riesgo de contactar con la experiencia presente. El reto es atreverse a sentir, aún teniendo miedo. 

Sentir dolor forma parte de la vida y tratar de vivir sin él es renunciar también  a  experimentar  las  emociones  agradables,  a  disfrutar  y  a  sentir placer.  Cuando  el  miedo  actúa  como  defensa  y  levanta  un  muro  a  nuestro alrededor perdemos humanidad y nos cerramos las puertas a la vida. 


Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. 

Frida Kahlo, pintora. 


Cuando  construimos  una  muralla  para  evitar  sentir  solemos  construir relaciones  superficiales  con  las  demás  personas  y  eso,  a  la  larga,  suele  ser insatisfactorio. 

Como  decía  Arnold  R.  Beisser  en  su  Teoría  Paradójica  del  Cambio,  "el cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse  en  lo  que  no  es". Así  que  si  aceptamos  que  hasta  este  momento hemos necesitado construirnos una coraza pero que ahora a lo mejor ya no la necesitamos, es cuando podemos cambiar y correr el riesgo de sentir. 

La  aceptación  del  propio  miedo  es  la  clave  para  poder  volver  a recuperar  poco  a  poco  la  sensibilidad  necesaria  para  vivir  las  emociones  de manera  plena.  Y  cuando  podemos  contar  con  alguien  que  nos  acompañe  en este proceso de actualización es todo mucho más fácil. 

Puede  que  sintamos  vértigo  y  eso  sea  lo  que  nos  bloquee  y  nos  haga desconectarnos de nuestro sentir. 

Arriesgarnos a permanecer en la experiencia con alguien nos facilita la posibilidad  de  sentirnos  sostenidos  en  la  emoción  y eso  justo  puede  ser  el siguiente  paso  para  que  luego  seamos  capaces  de  sostener  la  experiencia  sin necesidad de que nos ayude nadie. 

La  OMS  dice  que  la  salud  es  un  estado  de  completo  bienestar  físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, y añado  que  la  salud  también  es  tener  la  capacidad  para  sostener  las experiencias emocionales que nos brinda la vida. 

Es  tener  la  confianza  para  entregarnos  a  la  vivencia  que  sea,  con  el suficiente  soporte  y  con  la  capacidad  para  vibrar  plenamente.  Porque  vivir  a medias no es salud. 

Porque  si  vivimos  con  miedos,  con  soledad,  con  ignorancia  emocional, con  desconfianza,  negando  nuestras  emociones,  nos  perdemos  la  mitad  de  la vida,  nos  perdemos  la  posibilidad  de  saborear  cada  momento  con  todos  sus matices.  A  lo  mejor  no  nos  sentimos  tan  mal  cuando  algo  nos  duele  pero tampoco experimentamos el placer que podríamos sentir con aquello que nos aporta satisfacción. 

A lo mejor el cuerpo nos avisa de que algo no va bien y entonces, como si  eso  no  fuera  con  nosotros  o  con  nosotras,  es  bastante  común  en  esta sociedad  buscar  elementos  externos,  como  antidepresivos  o  ansiolíticos  (sin negar  la  importancia  de  tomarlos  cuando  es  necesario),  que  nos  ayuden  a solucionar aquello que nuestro cuerpo o nuestros síntomas nos ponen delante, mermando un poco más la capacidad de sentir. Y eso no es salud. 

Porque casi todas las personas tenemos la suerte de nacer con todos los sentidos a pleno funcionamiento que nos permiten vivir con la intensidad que la vida nos ofrece. 

Y algunas cosas van ocurriendo por el camino que nos van restando todo ese  potencial,  para  no  sufrir,  para  no  sentirnos  raros,  porque  tuvimos  alguna mala  experiencia  en  algún  momento,  porque  fue  lo  que  nos  enseñaron, porque  eso  es  lo  que  aprendimos  de  nuestras  experiencias  relacionales, porque  la  brillantez  cognitiva  ha  sido  mucho  más  valorada  socialmente  y  en algunas familias, o por lo que sea. 

Y  al  final  cómo  no  sabemos  qué  hacer  pues  el  sentir  se  va  al  fondo,  y así vamos perdiendo el contacto con nuestros sentidos. 

Entre  otras  cosas,  esto  es  lo  que  hacemos  en  la  terapia:  elaborar  y sanar aquello  que  falló  en algún  momento de  nuestro desarrollo,  y  recuperar la  capacidad  de  sentir,  dándonos  cuenta  de  lo  que  nos  ocurre,  y  así  de  paso saber qué necesitamos. 

Porque  sentir  es  lo  primero  para  todo  lo  que  viene  después,  y  si  esta capacidad  está  mermada  no  podemos  vivir  al  cien  por cien,  o  al  noventa  por cien. 

Recuperemos nuestra capacidad de sentir, arriesgándonos, haciendo los cimientos  de  nuestras  casas  más  fuertes,  actualizando  nuestros  recursos personales,  atreviéndonos  a  experimentar  y  a  entregarnos  a  la  vida  con  todo lo que somos. 

Porque  vibrar  intensamente  con  todo  el  cuerpo  ante  lo  que  nos  va aconteciendo cada día es estar vivos, es estar vivas, y eso sí que es salud. 

No  perder  la  capacidad  para  que  la  vida  nos  impacte,  para sorprendernos,  para  sentir  movimiento,  para  entregarnos  con  confianza sabiendo  donde  nos  podemos  apoyar,  y  acoger  nuestras  emociones,  con  todo lo que eso conlleva, también es salud. 

Controlar  las  emociones  es  querer tener  el mando de algo  que  no  está en  nuestras  manos.  A veces  escucho  o  leo  frases  como  elige  cómo  te  quieres sentir,  o  aprende  a  controlar  tus  emociones,  y  comentarios  parecidos  y  no dejo de sorprenderme. 

Como si esto del sentir fuera algo externo a la persona y casi peligroso, que haya que educar, controlar o negar. No es eso de pienso luego siento que también  se  dice.  Primero  va  la  sensación,  el  sentir,  y  luego  ya  los pensamientos. 

Las  emociones  las  sentimos,  y  para  poder  dar  un  paso  posterior necesitamos aceptarlas. Luego, lo que sí que podemos hacer es decidir lo que queremos hacer. Lo que elegimos es la acción y no el sentir. 

Cuanto  más  conscientes  seamos  de  nuestro  cuerpo,  de nuestro  sentir, de nuestra manera de funcionar, más posibilidad de  elección tendremos, más libres nos sentiremos para poder elegir lo que queremos y necesitamos hacer sintiéndonos como sea que estemos. 

A las emociones si las dejamos estar, si les permitimos ocupar su lugar, las  respetamos,  las  escuchamos  y  las  aceptamos,  se  agotan  y  entonces pasamos a otra, y luego a otra. 

Una  manera  de  vibrar  con  la  vida  de  manera  mucho  más  natural  que invertir gran cantidad de energía en querer controlar algo incontrolable. 


Vivir sin asumir riesgos no es realmente vivir; Es estar medio vivo, bajo anestesia espiritual”. 

Anne  Dufourmantelle, filósofa, psicoanalista y escritora


 Extracto del libro EL MUNDO DE LAS EMOCIONES, escrito por Mireia Simó Rel, y publicado por Kireei. Noviembre 2017