En la definición más común de duelo se entiende como el proceso por el que atraviesa una persona ante la muerte de un ser querido. Existen otras muchas definiciones y para algunos autores, y como lo entendemos nosotros, el duelo puede ser experimentado ante cualquier pérdida y no necesariamente implica la muerte de un ser querido.
El duelo es un proceso, y no un estado, natural en el que atravesamos una serie de fases o tareas que conducen a la superación de dicho proceso.
En el proceso de duelo se han establecido varias fases, pero no existe un acuerdo entre los autores a la hora de determinar su número. Así, nos encontramos con autores que afirman la existencia de tres etapas, cuatro y hasta cinco fases.
Si bien se dan discrepancias entre las y los autores en el número y en su denominación, en líneas generales, todas ellas tienen puntos en común, como: un primer momento de desconcierto, parálisis, incredulidad, negación, shock o gran impacto emocional, en el que llegamos a poner en duda o no aceptar la realidad, a disociarnos de nuestro “aquí y ahora”..
Una serie de etapas intermedias (una, dos o tres fases, según paradigma y/o autor/a) en los que nos podemos encontrar con: desorganización, desesperanza, síntomas depresivos y sentimientos de cólera e ira generalizada dirigida contra aquellos a quienes se considera responsable de la pérdida, contra sí mismo, autoculpabilizándose (“si hubiera hecho esto o aquello, ahora estaría aquí (lo tendría aquí)”, “si le hubiese puesto más atención, …”) e incluso puede manifestar animosidad hacia quienes nos acompañan e intentan proporcionarnos consuelo. Por último, una etapa final en la cual aparece la reorganización y la aceptación de la pérdida.
Para la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross la experiencia de pérdida de un vínculo conlleva transitar un proceso emocional, hacer un duelo que nos permita metabolizar la pérdida. Según esta autora las 5 etapas del duelo son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación y son el recorrido que se transita para sanar la vivencia de pérdida.
Una característica común en casi todos los autores es el hecho de considerar las etapas como no universales, es decir que no necesariamente las personas en duelo deben atravesar por todas ellas ni seguir una determinada secuencia.
Dado que podemos encontrar –experimentar- diferentes etapas en el proceso de duelo, apostaremos por enfocar la tarea de superación y/o acompañamiento, en los fenómenos presentes en el “doliente”.
Se proponen una serie de de fenómenos o síntomas que suelen estar presentes en los procesos de duelo. El cuadro (a) presenta un ejemplo de éstos. Se trata de repertorios que son útiles en la medida en que permiten que el profesional del acompañamiento tenga constancia de que cualquiera de ellos puede formar parte de un proceso de duelo normal. El inconveniente de estos repertorios es que pueden transmitir la idea de un cuadro fijo y hacer olvidar que el duelo es un proceso, con una historia, en la que unos y otros se suceden o se simultanean (1) (Fernández y Rodríguez, 2002).
Dado que cada persona es diferente, cada pérdida se vive de forma diferente, es importante saber leer cada fenómeno o síntoma en función de las vivencias, necesidades y aspiraciones de quien sufre la perdida.
Por ello los y las profesionales en acompañamiento (sanitarios, sociales, educacionales…) deben estar preparados para acompañar desde el respeto no sólo a la persona sino a los tiempos y síntomas que esta trasmita de forma orgánica durante el proceso de duelo.
En Terapia Gestalt, el acompañamiento en la elaboración del duelo consistiría en:
• Ayudar a poner conciencia, palabras, a lo sentido.
• Integrar lo que se siente y hacerlo parte de uno mismo.
• Prestar apoyo y comprensión.
• Facilitar la aceptación, sin exigir o juzgar.
• Escuchar.
• Normalizar los estados emocionales, apoyar la necesidad de manifestarlos para la autorregulación y vivenciar un proceso de duelo sano.
Es un proceso en el que las y los profesionales del acompañamiento requieren de entrenamiento y de las herramientas que ayuden a un acompañamiento sano y respetuoso.

SENTIMIENTOS:
Tristeza, rabia (incluye rabia contra sí mismo e ideas de suicidio), irritabilidad, culpa y autorreproches, ansiedad, sentimientos de soledad, cansancio, indefensión, shock, anhelo. Alivio, anestesia emocional…
SENSACIONES FÍSICAS:
Molestias gástricas, dificultades para tragar o articular, opresión precordial, hipersensibilidad al ruido, Despersonalización, sensación de falta de aire, debilidad muscular, pérdida de energía, sequedad de boca, trastornos del sueño…
COGNICIONES:
Incredulidad, confusión, dificultades de memoria, atención y concentración, preocupaciones, rumiaciones, pensamientos obsesivoides, pensamientos intrusivos con imágenes del “muerto”…
ALTERACIONES PERCEPTIVAS:
Ilusiones, alucinaciones auditivas y visuales, generalmente transitorias y seguidas de crítica, fenómenos de presencia…
CONDUCTAS:
Hiperfagia o anorexia, alteraciones del sueño, sueños con el fallecido o la situación, distracciones, abandono de las relaciones sociales, evitación de lugares y situaciones, conducta de búsqueda o llamada del fallecido, suspiros, inquietud, hiperalerta, llanto, visita de lugares significativos, atesoramiento de objetos relacionados con el desaparecido…

(1) Fernández Liria A. y Rodríguez Vega B. (2002). Intervenciones sobre problemas relacionados con el duelo en situaciones de catástrofe, guerra o violencia política. Revista de Psicoterapia, 13(49), 95‐122.

María Jesús Armas Acosta
Psicóloga. Psicoterapeuta
Especialista en Psicología Perinatal
Directora IGC e ICP Canarias