La culpa es un sentimiento muy arraigado en nuestra cultura y que proviene básicamente de nuestra tradición judeocristiana. Esta nos viene a decir más o menos, que cuando hacemos “algo malo” nos debemos sentir culpables y pagar por ello a través de un castigo, tenemos que sufrir ese remordimiento hasta pagarlo.

CARACTERÍSTICAS
  • Las personas con fuertes o frecuentes sentimientos de culpa suele ser muy responsables y exigentes consigo mismas.
  • La culpa es algo que ha sido algo aprendido, no nacemos con ese sentimiento sino que en algún momento y de alguna/s persona/s lo hemos aprendido.
  • Puedes ser un sentimiento tan fuerte que nos puede condicionar de tal manera que nos sintamos controlados/as por él.
  • Tiene un alto nivel cognitivo, atribuimos un significado a nuestros actos u omisiones que producen ese sentimiento, podemos decir que la culpa se siente pero también se piensa.
VALORES

Normalmente podemos decir que es un sentimiento doloroso surgido de un aprendizaje inicial sobre lo que está bien y lo que está mal. Basado en unos valores rígidos que no tienen en cuenta el momento presente o las circunstancias actuales, sobre unos “deberías” surgidos de los “introyectos” que tenemos y a veces no somos conscientes./p>

En Gestalt llamamos “introyectos” a esas creencias que han sido tragadas y no digeridas. En palabras de Perls: La introyección es un mecanismo neurótico mediante el cual incorporamos dentro de nosotros mismos, patrones, actitudes, modos de actuar y pensar que no son verdaderamente nuestros.

En sí estos valores son buenos y pueden ser muy valiosos mirados en su globalidad, como concepto o idea general. Pero cuando hay culpa es señal de que alguna de esas creencias o valores no están masticadas, hechas propias y ajustadas a la vida de uno/a mismo/a.

LA CULPA QUE REPARA Y LA CULPA QUE TE CLAVA

Tal y como decíamos, y según el diccionario de la Real Academia, la culpa provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

Así que lo que tendremos tener en cuenta es de qué soy yo responsable y qué daño he causado yo realmente.

La culpa sana es aquella por la que el sujeto analiza su comportamiento, decide que ha obrado erróneamente y dedica sus recursos a reparar el daño causado.

Son situaciones en las que nuestros valores están bien integrados y existe un margen de maniobra, podemos hacer algo, tenemos capacidad de restaurar.

Cuando esto es posible la culpa pude ser una oportunidad, algo valioso y necesario, ya que nos sirve para atendernos y atender a la otra persona.

Sin embargo cuando la culpa nos clava es porque nos hemos sometido a un juicio sumarísimo donde nos hemos declarado culpables, una sentencia irrevocable que nos puede llevar a sentimientos fuertes de impotencia, tristeza e incluso angustia.

El correlato físico no se deja esperar, con enfermedades psicosomáticas que nos recuerdan que “nos lo merecemos”

CÓMO DESCULPABILIZARNOS

El trabajo terapéutico es un proceso donde se empieza por conocer cómo ha sido el aprendizaje de ese sentimiento, se pasa por ajustar introyectos y convertirlos en valores propios, por un trabajo de “perdonarnos la vida”, hasta poder sentir el alivio de “hicimos lo que pudimos con lo que teníamos”. 

Es necesario analizar lo realizado en el pasado donde no hay ya margen para la reparación y ver qué parte es rescatable de ese “aquel- entonces” para en el “aquí ahora” poder reconstruir algo que sea liberador.

A veces revisar la rabia que hay debajo puede sernos de guía, otras veces mirar lo que se espera de nosotros/as o revisar lo que es “bien o mal”, puede ayudarnos a poner cada cosa en su sitio.