Estas situaciones captan mi atención con gran interés ya que tras mi propia separación y sentimientos de pérdidas asociadas, me hablan de vivencias nuevas y retos nuevos a afrontar en una nueva forma de organización familiar, la familia reconstituida.

En los últimos años esta organización familiar se está convirtiendo en el modelo de mayor crecimiento en nuestra sociedad, tras el incremento de los divorcios desde el establecimiento de esta ley en nuestro país. Sin embargo y a pesar de ello, no disponen del suficiente reconocimiento legal y apoyo institucional que las asesoren y las contengan (reconocimiento de la figura de la madrastra o padrastro, visión peyorativa del término madrastra o padrastro, etc.), lo que hace que estas familias y los retos a los que se enfrentan no dispongan del suficiente apoyo en su entorno, generando una vivencia en ellos, tanto individual como conjunta, de inadecuados para ajustarse al modelo de familia más aceptado y reconocido, la familia tradicional. En definitiva, las familias reconstituidas en la actualidad no disponen del suficiente apoyo ambiental, para que puedan ir llegando a su propio autoapoyo.

Todos conocemos, a través de los numerosos estudios realizados sobre la teoría del apego, la importancia de la construcción de un sentido de pertenencia, disponibilidad, acceso, etc. a las figuras de referencia, como una premisa para desarrollar sentimientos de seguridad que permita el desarrollo saludable de un niño. Por lo que una separación – divorcio, supone una vivencia que puede arrasar con este ideal, generando dolor en todos sus miembros en mayor o menor medida. Por otro lado, y después de esta vivencia de pérdida, al llegar la nueva pareja son muchos los retos a los que se enfrentan para poder seguir siendo un espacio nutritivo para sus miembros: consolidarse como pareja sin disponer de atención exclusiva previa a la llegada de los hijos, construir vínculos con la descendencia de cada uno de éstos a la vez que establecer contratos de convivencia, ajustarse a diferentes momentos evolutivos individuales, organizar la coparentalidad con la expareja, etc. La falta de visibilidad de todas estas características que presenta la familia reconstituida ha llevado a continuos dramas hasta alcanzar el ajuste entre los diferentes miembros de la nueva familia. Muchos de estos dramas han sido asumir que convivimos entre extraños, otras afrontando nuevas rupturas que suman a la desesperanza o la también dramática vivencias personales de sentir que no disponían de un espacio físico y emocional en la nueva unión de sus padres.

Todo este encuadre va resonando en mi cabeza cuando voy a su encuentro, con un claro convencimiento, y es que a pesar de todas estas grandes dificultades, estas familias apuestan y luchan por seguir juntas. Estas familias necesitan nuestro reconocimiento y apoyo para darles volumen a lo que está detrás de su motivación e intencionalidad en los esfuerzos que realizan: “encontrar de nuevo esperanza, a la decepción de lo que no pudo ser”.

Si bien es cierto que existen muchos matices que marcan claras diferencias en las vivencias de las familias reconstituidas, la finalidad de este pequeño acercamiento es presentar algunas líneas o aspectos a tener en cuenta para acompañar este proceso familiar. Para ello, principalmente me apoyo en las herramientas que me aporta el enfoque de la Terapia Gestalt en los procesos familiares, acompañando y explorando con interés su recorrido como familia, atendiendo a lo fenomenológico ( a lo obvio en la relación familiar) y facilitando el darse cuenta de sus vivencias desde el primer momento.

  • Propiciar que la familia entienda el comportamiento del niño/a no como el origen del malestar familiar, sino como la vía donde se está expresando el malestar que carga la familia.
  • Favorecer con flexibilidad espacios para que los diferentes miembros de la familia puedan expresar sus vivencias emocionales, atendiendo a posibles asuntos inconclusos o pendientes que no se expresaron o atendieron, asumir proyecciones de vivencias pasadas, favorecer la confrontación positiva entre ellos, etc.
  • Dar espacio y apoyar la expresión de las necesidades de cada uno de los miembros y que pueda ser sostenida por la vivencia familiar.
  • Establecer pautas de comunicación, tanto dentro como fuera de la terapia, que permita la escucha entre sus miembros: hablar en primera persona, no juzgar ni criticar la opinión del otro, responsabilizarse cada uno de lo que expresa, etc.
  • Dar encuadre al momento evolutivo de lo/as menores, sobre todo en caso de ser un adolescente, que permita el desarrollo de éste sin que la familia tenga una vivencia de sabotaje a sus esfuerzos por unir la familia.

En definitiva, el objetivo de todo este trabajo es favorecer que los distintos miembros puedan comenzar a sentirse autor y protagonista de la nueva familia que construyen, de la que no existen guiones previos en los que apoyarse, sino que poco a poco puedan ir construyendo su propio guión. Que puedan sentir que la nueva familia tiene cabida para la gratificación de sus necesidades y también para las frustraciones entre ellos. Que pueden sentirse parte y en unión a esa nueva familia y también diferente y separado de ella, sin que existan quiebros y rupturas.

Fabiola Álvarez García

Psicóloga T – 1092

Psicoterapeuta especialista en niños, adolescentes y familia

Docente del programa de formación educación emocional y creatividad en centros educativos

Docente “Formación técnicas gestalt aplicada a procesos familiares”